Escarabajos, hormigas, saltamontes, arañas, ácaros, abejas… sin duda son mucho más encantadores en la serie que en la vida real.
la tuvo el alemán Waldemar Bonsels, quién reflejó su curioso mundo en La abeja Maya. En su origen, Maya fue la protagonista del libro La abeja Maya (Die abenteuer der biene Maja) en 1912, que por su buen afán de enseñar adquirió gran popularidad y tomó vida en una serie para televisión con su mismo nombre.Tras su éxito alemán, la pequeña abeja debutó en España allá por el 1978 con el primer capítulo de su nacimiento. La fama de la serie, traducida a mas de veinte idiomas, fue el resultado de un cóctel perfecto. Es decir, un personaje inquieto, avispado y travieso en el que los niños nos viéramos reflejados. Eso sí, en un mundo fantástico donde los insectos adquieren personalidad y nos dan a conocer sus particularidades.
Maya, de vuelo pizpireto y un tanto hiperactivo, era la futura sucesora de la abeja reina. Por ello su madre, Kassandra, intentaba enseñar
e a Maya a comportarse como una señorita, pero la traviesa abeja hacia oídos sordos a las órdenes de su madre y salia del jardín para adentrarse en el bosque.
Maya es inconcebible sin su amigo Willi, un zángano de ojos saltones, adicto a la miel y a las largas siestas siempre interrumppidas por las ideas de maya. La figura paternal la ejercía el saltamontes Flip. Éste elegante insecto protegia a Maya y a Willie de las telas de araña, siempre dispuestas a capturarlos. Aunque Maya fuera pequeña con un largo camino por delante, tenía el valor de defender su colmena y salir airosa. Así como estropear los planes del comandante para apoderarse del trono.
Yo me quedo con esta visión de los insectos y apuesto a que durante años Maya y el resto de personajes con su alegría y colorido seguirán instruyendo a las generaciones venideras.
Ángela Espinosa López
